viernes, 17 de noviembre de 2017

miércoles, 18 de octubre de 2017

Marcas de racismo que las anteojeras del Inadi ocultan

Los parámetros occidentales del conocimiento mantienen escondidas nuevas formas de discriminación. El racismo está instalado hoy, en la Argentina del siglo XXI, pero solo podremos escuchar sus gritos si nos liberamos de los tapones cognitivos
por Tirso Fiorotto
De acuerdo a la definición que elijamos de "racismo" alcanzaremos a ver ese flagelo solo en el pasado o también en el presente; a la distancia o en el aquí y ahora. Pero hay modos de echar humo para relativizar la realidad, sino esconderla, y el poder los conoce bien. Todo lo que hagamos contra la discriminación negativa y el racismo es poco, ante naciones, comunidades y grupos humanos que han sufrido atropellos. La obra del Inadi en la estimulación de la conciencia es encomiable, y lo subrayamos aquí, porque más abajo trataremos un aspecto del Instituto nacional contra la discriminación, la xenofobia y el racismo que, sin desacreditarlo, opaca su fama. Nos referimos a su pertenencia a un Estado que lleva el racismo en el ADN, mal que nos pese, y por eso no lo ataca de lleno.
El poder hace la vista gorda ante las mutaciones del racismo, entonces simula combatir los bichitos con los mismos antibióticos que podían servir para el ayer, y hoy resultan inocuos.
Bonfatti y Macri
Colocar en cercanía a Mauricio Macri y Adolf Hitler es un insulto. Hacer barullo por eso, un entretenimiento. Vayamos primero al ejemplo que provoca estas reflexiones. Dijo el exgobernador santafesino Antonio Bonfatti: "De joven creía en ese concepto que dice que el pueblo nunca se equivoca, perose equivocó con Hitler y ahora se equivoca con Macri". Suerte que el pueblo acertó con Bonfatti, diremos nosotros si se nos acepta la ironía. Pero convengamos que el socialista intentó aludir a un hecho: que los votantes pueden acertar o equivocarse en sus elecciones, debido a una multitud de factores. Ahora bien: el recurso de nombrar los apellidos Hitler y Macri para que suenen al lado no deja de ser una picardía, que encaja en una vieja falacia llamada "reducción a Hitler", y se acerca más todavía al sofisma que busca deshonrar al otro por asociación. Sin embargo, poca relación le vemos al asunto con la discriminación y menos con el racismo.
Si el Inadi se abocara al racismo verdadero, advertiría que este tema no da ni para una actuación de oficio porque, al lado de otros problemas, es una tontería. Macri, exponente del poder económico y además presidente, ¿víctima de discriminación? ¡Válgame Dios! ¿Qué diremos entonces a las familias que hurgan en la basura? ¿Y a las que se apiñan en una pieza?
Marca argentina
La dictadura que sufrimos hoy se llama mercado y multinacionales. Agronegocios concentrados, con transgénicos y glifosato, son política de Estado en la Argentina, con la complicidad de sucesivos gobernantes. Ese sistema desembarcó cuando nuestra región necesitaba revertir el proceso de desarraigo y destierro, y ya eran evidentes los males del hacinamiento de millones en la periferia de las ciudades. Precisábamos remedio y nos trajeron veneno, es decir: economía de escala, capital financiero, pooles, agricultura sin agricultores. Más expulsión, mayor uniformidad.
Hacemos hincapié en ello porque entendemos que el amontonamiento en los barrios, como consecuencia del éxodo en vastas regiones, es la principal marca de racismo de la actualidad en la Argentina. El Inadi hace la vista gorda porque ese racismo que se expresa de cuerpo entero en la villa miseria es fruto de las políticas de Estado. Y en parte, porque no logra ver, así de sencillo, si se basa en parámetros occidentales y por eso limitadísimos. Entre Ríos ha padecido por décadas desarraigo y destierro, y en algunas ciudades: hacinamiento. Pero muchos panzaverdes viven hoy con sus hijos y nietos afuera del territorio, y muchos de ellos hacinados.
El sistema los empujó como sobrantes a lugares donde se cultivan enfermedades sociales que se potencian mutuamente, y que constituyen lo que decíamos: esa marca de racismo. Pero la colonialidad que es madre en los sectores de poder relativiza ese flagelo. Hasta que no vengan un francés, un alemán, un norteamericano a escupirle al poder esta verdad en la cara no acusará recibo. En la Argentina hay 4.100 villas o barrios populares, contadas por el propio estado. Allí habitan millones de víctimas del sistema, en su mayoría niños, jóvenes, ancianos privados de un horizonte. Pero el hacinamiento es un mal que se reproduce también en otros barrios, no aqueja solo a las villas miseria. El sistema aísla al ser humano de su entorno, lo distancia del árbol, el cielo, el arroyo, las costumbres y los oficios ancestrales, la comunidad. Y de acuerdo a los saberes de nuestros pueblos antiguos, el humano no puede desplegar sus aptitudes si no es en un ambiente adecuado.
A medida que nos resignamos al hacinamiento no esperemos sino roces, enfermedades, frustraciones. Hay allí expresiones solidarias, bellos testimonios de resistencia ante un mar de obstáculos, pero la comunidad es otra cosa.
Definamos racismo
Ramón Grosfoguel es un sociólogo puertorriqueño que promueve, con otros, la corriente decolonial. Este pensador dice que hay un consenso entre los estudiosos en este sentido: el racismo es institucional, estructural. Los prejuicios, la discriminación por estereotipos, no alcanzan a ser racismo.
Para que exista racismo tiene que haber instituciones que afecten la vida de grandes poblaciones de manera significativa; tiene que haber desempleo masivo, o grupos asesinados por la Policía, persecuciones sistemáticas cotidianas, en fin, violaciones de derechos desde lo institucional... Y ofrece estos ejemplos de los orí- genes del racismo en los aledaños al año 1500 (siglo XVI) expresados en genocidios/epistemicidios (destrucción de poblaciones y de saberes y maneras de pensar): contra judíos y musulmanes en Al-Ándalus (península ibérica bajo dominio árabe); contra habitantes del Abya yala (América), contra africanos secuestrados (esclavización), y contra las mujeres ("brujas"). De esta manera, Grosfoguel sostiene que el edificio del mundo moderno se cimentó en prejuicios racistas y sexistas institucionales, además del capitalismo. La modernidad se origina así no en la ciencia y la tecnología sino en el genocidio y el epistemicidio, principalmente en nuestro continente saqueado. Hoy, la falta de expectativas, la vida en condiciones por debajo de la línea de lo humano, la discriminación negativa; y las respuestas de la juventud con adicciones, violencia, desgano, todo eso se da en las villas y lugares similares. Sobre ellas caen estereotipos, acusaciones, proyectos de imputación a menores. Eso es racismo.
Se vincula, claro, con la portación de rostro, con el origen, el apellido, el color de piel, y es producto también de un sistema que necesita de muchos desocupados para bajar las expectativas de la clase obrera, es decir, es un problema de clase social. Sin embargo, no debemos engañarnos: ese racismo por hacinamiento tiene otros condimentos que lo hacen singular. Allí encontramos a las instituciones más poderosas de la Argentina y de cada provincia concentradas en acorralar a esos habitantes, vigilarlos, atarlos a su destino de encierro, negándoles la serenidad, el sol, el paisaje, la dignidad, el trabajo decente.
La armonía
El Estado argentino es racista desde sus orígenes, y no ha cambiado. Los mismos que hoy cuestionan el sistema de esclavización de ayer, o las matanzas de gauchos, pueblos originarios, etc., suelen cerrar los ojos ante la continuidad del racismo por otras vías. Hoy con una marca: el hacinamiento. Podremos ver este flagelo en su real dimensión si volvemos a ese principio tan común y compartido en nuestros pueblos originarios que sirve para todos los humanos: la mujer y el hombre sin territorio, sin un lugar, un paisaje, no pueden desplegar sus talentos. No decimos que cada persona que llega al Estado, empleado raso o de jerarquía, sean racistas. No: la estructura es racista, y a ella se acomodan más o menos los que la transitan. (No ignoramos las excepciones, la resistencia voluntarista de algunos).
Puede haber personas no racistas, no discriminatorias, que metidas en un sistema racista actúen de esa forma. Grosfoguel dice que eso pasa, por caso, en universidades u organismos de seguridad. Y puede haber un partido no racista que, metido a gobernar un Estado racista, se mimetice. Recuerda que fue el estudioso Boaventura de Sousa Santos el que advirtió que nuestras universidades concentran la atención en autores de cinco países: Francia, Alemania, Inglaterra, Estados Unidos y, en menor medida, Italia. Y coincide en que los conceptos clásicos, fraguados en el norte de Europa, no se adaptan a la realidad de nuestros países. Mirando desde este ángulo podemos observar que el terrible destierro de centenares de miles de comprovincianos y su destino de hacinamiento, en muchos casos, es un flagelo invisibilizado precisamente por la colonialidad, es decir: por usar conceptos e interpretaciones que no encajan en nuestro mundo, que no tienen dónde ubicar nuestra historia. Arturo Jauretche se burlaba de eso con esta frase: "Si el sombrero existe, solo se trata de adecuar la cabeza al sombrero".
Macri no es víctima
Ahora admitamos que no hay una estructura, una institución que esté en condiciones de atacar a Macri. El Inadi puede interceder para calmar las aguas, es cierto. Pero una asociación aviesa de dos nombres no es más que un pinchazo propio de las campañas. ¿Por qué nos detenemos en esta noticia? Porque los organismos que deben velar contra el racismo nos entretienen en asuntos secundarios. Entonces ocurre esto: hay entidades dedicadas a combatir el racismo pero, al no abordar los asuntos centrales, terminan haciendo de placebos.
Están pero no están. ¿Qué hará el Inadi, como brazo del Estado, cuando advertimos que el principal operador racista es el Estado? El Inadi analiza discriminaciones por nivel socioeconómico, origen, color de piel, peso corporal, vestimenta, orientación sexual, discapacidades; todo está bien puntualizado en los mapas de la discriminación que están en la red. Pero al depender de categorías ajenas, no advierte lo que tiene ante las narices: el racismo por hacinamiento que involucra muchas de estas discriminaciones y otras en sinergia.
Es que el racismo por hacinamiento no se ve consultando a las personas individuales, sino mirando el conjunto, e interpela no a las poblaciones sino principalmente al poder, al Estado.
Como el perro
El Estado registra las discriminaciones y hace la vista gorda ante lo peor, el racismo, porque allí el Estado es garante principal. Típico de la colonización occidental con su mirada fragmentaria: los árboles le tapan el bosque. Y aquí podríamos sospechar que hay una complicidad, un pacto de silencio. Sus encuestas revelan que los pueblos originarios son discriminados, pero el Inadi discrimina a los pueblos originarios al desoír sus saberes que dicen que en el hacinamiento no hay personas, que el humano extirpado del paisaje no se halla.
La institución busca los hechos discriminatorios uno por uno, y no ve el paisaje racista Anota que los jóvenes son más discriminados, y no advierte que el hacinamiento sirve a un sistema que deja sobrantes sociales, y hace de cada persona un consumidor; fabrica estándares, uniforma para venderles a todos el mismo producto. Todos con la misma película, la misma gaseosa, la misma marca, los mismos gustos, el mismo sistema. Eso está en las antípodas del "vivir bien y buen convivir", que el Estado occidentalizado menosprecia. El racismo es institucional y desprecia parámetros que no convienen al poder. El estado es experto en desviar la atención. El Estado, por ejemplo, es responsable de las rutas y allí mueren 20 personas cada día, mayoría niños, triturados, torturados por un Estado que se desentiende de sus obligaciones. Y los gobernantes (presidentes, legisladores, gobernadores, jueces) hacen con las rutas y las villas la del perro que volteó la olla. Además de caros, son útiles a un sistema que hace agua.

jueves, 3 de agosto de 2017

Árboles de Larroque

Atento a los blogueros que aún permanecen en pie. Mingaché diseñó una actividad comunitaria que consiste en reconocernos en nuestros árboles.
Con motivo del día del árbol entrerriano que se conmemoró el pasado viernes 28 de julio, nos pareció un buena manera de celebrarlo, invitar a los larroquenses y larroqueñas a mirar con atención a nuestros árboles, ver nuestra historia, nuestro presente y nuestro futuro en ellos, conocerlos para quererlos y cuidarlo. Y como una forma de registrar esta acción tomarle unas fotografías a lo largo de un ciclo anual, a un árbol, a una calle arbolada, a un montecito, aquello que despierte nuestro interés o movilice nuestros recuerdos, con personas o sin personas, y subir esas fotografías a un perfil de facebook creado especialmente para este fin que se llama justamente, Arboles de Larroque.
Al finalizar el ciclo veremos lo que resulta como documental o serie o fotográfica o exposición pública o lo que los participantes sugieran que se puede hacer con las fotografías y comentarios que las acompañen.
Quedan todos invitados.

martes, 23 de mayo de 2017

Saludamos a la JAPL

Saludamos a los amigos de la Junta Abya Yala por los Pueblos Libres en su décimo aniversario reproduciendo su documento.


 Imágenes integradas 1
  

JUNTA ABYA YALA POR LOS PUEBLOS LIBRES
Declaración en el 10° Aniversario
2007 -   23 de mayo   - 2017



Saludamos desde el litoral
a los hermanos fueguinos


y el árbol me dijo un día:
“yo también me llamo Juan” (A.Y.)

  
En el décimo aniversario de nuestro centro de estudios saludamos a los hermanos de Tierra del Fuego que declararon canción oficial la Marcha de las Malvinas. Vemos allí un símbolo de unidad y emancipación de la matria grande. También vemos una fuente de conciencia que revela la hegemonía del capital para afianzar el colonialismo y los privilegios no sólo en lo territorial sino por vías renovadas.
Decimos matria, al reconocer nuestra fuente común en la Pachamama, la madre tierra, que se expresa en la biodiversidad y allí la humanidad y las culturas.
A través del arte, los fueguinos nos recuerdan la agresión enquistada en el Atlántico Sur. Nosotros tomamos su testimonio para repudiar la colonialidad que sufre la Argentina toda, es decir, repudiar la prolongación del dominio territorial por distintos métodos, empezando por el predominio del capital financiero y las multinacionales, y las consecuencias de su imperio: el endeudamiento que compromete nuestro futuro, el saqueo de los bienes comunes, la enseñanza manipulada y el consumismo que nos convierte en engranajes y mercancías.
La causa Malvinas enciende la conciencia por la libertad y permite destapar sutiles modos de subordinación que en gran medida nos interrogan a nosotros, es decir, pueden revertirse desde la conciencia. Las Malvinas nos llaman a la emancipación en todos los planos, en el Atlántico Sur y en el continente. La colonialidad no es un mal que nos ataque sólo desde afuera: nos parasita desde adentro. Vemos sus frutos en: la propaganda, la destrucción del ambiente, la desocupación,  el hacinamiento, la fragmentación, y la concentración de la tenencia y el uso de la tierra.
Podremos derrotar el estado de servidumbre en la medida que tomemos nota de nuestra pertenencia al Abya yala (América), con sus territorios, pueblos, saberes, tradiciones, artes y luchas, recuperando juntos la armonía de la mujer y el hombre en la naturaleza y la vida cooperativa. De nosotros depende.

MALVINAS EN LA BANDERA
Sostenemos la importancia de incorporar en nuestra bandera nacional argentina a las Malvinas, en un punto rojo que simboliza la sangre derramada por la independencia, como bien lo escribió José Artigas hace 200 años al trazar la banda federal, y que muestra la continuidad de las luchas en nuestra conciencia por la libertad, el trabajo digno y el ambiente sano. Proponemos ese símbolo auténtico, cuando cumplimos 35 años de la recuperación de las Malvinas con la vida de nuestros hermanos, para hacer carne el sueño de Atahualpa Yupanqui: “hermanita, vuelve a casa”. Desde esa convicción antiimperialista no olvidamos a nuestros hermanos que entregaron todo, sea los que protagonizaron la guerra de las Malvinas, como los desaparecidos de la dictadura.

MODOS DE LA COLONIALIDAD
La decisión de los fueguinos (del pueblo, más allá del Estado) nos ayuda a extender esa conciencia decolonial a otros modos aviesos de usurpación, originados en intereses ajenos o en vicios de nuestra propias comunidades. 
1-Propaganda: la difusión interesada y sectorial se ejerce para la colonialidad del saber y del poder. Es un método de dominación por vías diversas: publicidad, selección de programas y noticias del día, trivialización de los temas, control de la tecnología –tevé, internet, celular, cine-, penetración de grupos poderosos en las aulas, las pantallas y las ONG, etc. Sostenida por banqueros, multinacionales diversas, estados, corporaciones, la propaganda manipula los deseos, crea falsos conocimientos y debilita nuestra capacidad de respuesta inmunológica. Esa propaganda es un obstáculo para la conciencia, y un aceite del sistema que nos quiere colonizados y enfermos en el consumismo y las banalidades, enfrentados, divididos y adictos. Aspiramos a que todos adviertan cuál es el estado de servidumbre a que la propaganda comercial pretende llevarnos haciéndolos aceptar como simpáticas las peores herramientas de opresión
2-Ambiente: hoy saludamos la recuperación de la conciencia sobre la armonía del humano en el ambiente y el conocimiento del agua como centro de la vida. Volvemos la mirada hacia las tradiciones de nuestros pueblos, en coherencia con los desvelos ecologistas cuando el sistema productivista y de saqueo ya exige a la tierra lo que no tiene. Debemos mirar la tierra no como espacio para los negocios, la especulación y el saqueo, sino como la Pachamama que es; inclinarnos ante sus ritmos y mensajes, sabernos no enfrente ni arriba sino adentro del paisaje. Al humano no lo mueven sólo los intereses económicos, el individualismo o la ganancia como motor (esa trampa capitalista), sino los saberes, la solidaridad, el dar sin esperar recompensas, la amistad, la independencia.
El dinero, la guerra, la propaganda se han unido para someter la vida a las minorías, manipulando incluso la voluntad de cándidas mayorías sobornadas con el consumismo, tras la destrucción de culturas milenarias. Pero ni las comunidades ni los saberes están todos sepultados ni la historia ha concluido. El conocimiento es la barrera más eficaz contra la propaganda y la contaminación. Nos queda abonar ese otro mundo auténtico desde la vida austera, liberada de la dependencia en que hemos caído del petróleo, el gas (peor aún con el fracking) y otras energías no sostenibles o excesivamente invasivas del ambiente como las represas en ríos de llanura, o altamente riesgosas y contaminantes como las plantas atómicas y la megaminería. Ese otro mundo será alentado también desde una retirada del humano para revertir su actitud invasiva que es producto de ignorar la complejidad de la vida y actuar sin saber. 
3-Trabajo: el régimen de extractivismo, contaminación, productivismo y manoseo de la vida arremete hoy con la robotización que deja al humano dos papeles: estorbo del sistema o engranaje del consumo (para lo cual inventaron el despilfarro de la obsolescencia programada por caso). Es hora de pensar en las causas y los efectos del maquinismo y la “inteligencia” artificial. Vemos industrias que ya prescinden del humano. Pero la tecnología no debe destruir ni el trabajo ni la biodiversidad en cada región, y tampoco obligar al uso de energías contaminantes). La economía de escala en el campo con organismos genéticamente modificados (y patentados) y un combo de químicos sea en agricultura como en ganadería no tiene licencia social. Grandes empresas eluden su obligación social (cajeros automáticos, contestadores automáticos, enormes sembradoras y cosechadoras, ensambles robotizados, industrialismo a escala, etc.
La colonialidad desprecia y oculta las alternativas, muestra un sistema como único, nos hace creer que no hay lugar para todos, que la desocupación es natural. Pero el trabajo decente para todos es posible y necesario. En algunos rubros bastaría con reducir las jornadas de trabajo, distribuir los bienes comunes con equidad y en comunidad, y salir de la vorágine del crecimiento económico permanente de unos pocos camuflado en el PBI. No vemos otra opción para los siete mil millones de habitantes del planeta que una vida austera, serena y compartida. Debemos estar atentos a los obstáculos que interpone el sistema para que las mujeres y los hombres despleguemos nuestras potencialidades. 
4-Hacinamiento: el círculo vicioso al que fuimos empujados por el capitalismo está destruyendo los bienes, aniquilando la biodiversidad y desplazando al humano para amontonarlo. El sistema extirpa al humano de su entorno y de las fuentes de trabajo digno, a las que tiene derecho para hacerse de alimentos sanos y techo, y lo empuja a barrios hacinados, fuentes de enfermedades como la violencia estéril y las adicciones. Es la nueva marca del racismo. Los contrastes de este principio de siglo son ya inocultables: por un lado, mujeres y hombres embarcados en un retorno a la vida complementaria, conscientes del valor de la comunidad. Por otro lado, la modernidad sostenida en una visión reduccionista del humano frío, individualista, atropellador, apurado, donde unos pocos calculan la reducción de poblaciones y especies para sostener sus privilegios. De ahí a las adicciones, la violencia, el femicidio, un solo paso.
Se impone entonces la necesaria expulsión del gran capital (banqueros, terratenientes, grandes grupos y cadenas) y la conversión de sus pretendidas propiedades en espacios para la vida y el trabajo comunitario, con celo por la soberanía particular de los pueblos, entendida como una autonomía participativa, comunitaria, que respete tanto los modos regionales como la unidad de los pueblos.
5-Fragmentación: el sistema de pensamiento fragmentario tiene buena prensa (propaganda) y es fruto del atropello. Más peligroso si lo aceptamos con resignación y colocamos en un escalón inferior los otros modos de pensar, conocer, comunicarse, de vivir en suma, que tejimos los humanos de Abya yala y del mundo. La fragmentación como sistema de pensamiento se expresa también en la práctica en el tradeunionismo de nuestros sindicatos, la mayoría dispersos, mirando los problemas comunes como ajenos y por eso estériles. Los sindicatos tienen como misión la libertad y por tanto la destrucción de los mecanismos de opresión. Pero han restringido su campo de acción en muchos casos a la defensa de intereses corporativos, la negociación de salarios (con resultado dispar) y la recreación, y se han resignado.
Sin perder de vista su función, además de curarse de la burocracia enfermante, los sindicatos deben atender hoy problemas que antes no se veían con claridad, como los derivados de la destrucción ambiental que nos pone al borde de un abismo. Contaminación del agua y el suelo, pérdida de biodiversidad, son temas centrales para la vida y el trabajo, como la modificación climática que (como la inflación) afecta principalmente a los desposeídos. Si los sindicatos no se impregnan de los saberes milenarios del Abya yala; si no abandonan su mirada localista y abren los ojos ante la situación de la vida en el planeta (incluidas las hambrunas de hoy) se harán funcionales al sistema economicista, productivista, consumista, es decir, a la mentalidad occidental. La biodiversidad está dando gritos que los sindicatos no oyen por ahora, fragmentados como están. El problema del agua es nuestro porque los trabajadores tomamos agua, el problema de la velocidad porque los trabajadores morimos en accidentes de tránsito (21 por día en la Argentina, mayoría niños y jóvenes); el problema del suelo y el subsuelo y la relación con la naturaleza porque los trabajadores somos parte del paisaje y no meros espectadores, el problema del hacinamiento porque allí el humano está preso; e incluso (y principalmente) el problema del capitalismo y el consumismo, ¿qué nos impide colocar esos temas profundos en el centro?
6-Tierra: ante el proceso de concentración de la propiedad, urge preservar la biodiversidad, las cuencas, el arraigo, el trabajo comunitario, y garantizar la vida sostenible de las especies a través de una actitud de mínima invasión humana. Se impone el cuidado de los alimentos sanos, diversos, en cercanía, la protección del suelo y el agua. La manipulación genética de las semillas de los alimentos y su patentamiento por multinacionales son ejemplos de la destrucción acelerada de la vida a través del producto más brilloso del sistema que es el capitalismo.
El endeudamiento externo, la especulación, la corrupción a escala, la presencia abusiva de la metrópolis en las decisiones, el fraude del régimen representativo (delegación obligada) que pone al Estado al servicio de la alta burguesía, son algunos de los complementos del sistema de opresión instalado y del relato mentiroso. Así pretenden sepultar la participación. Incluso llamando “democracia” a la plutocracia. Otro eje del sistema: el retorcido régimen impositivo sobre los alimentos, y las desigualdades.
Lo nuestro es comunicación en vez de propaganda; ambiente sano en vez de erosión y contaminación; trabajo digno en lugar de hacinamiento; mirada integral en lugar de fragmentaria; tierra en comunidad y alimentos sanos en vez de avaricia y saqueo: ¿qué organizaciones enfrentarán los desafíos del siglo XXI?
Por eso el mensaje de Tierra del Fuego nos resulta vivificante. Por el vivir bien y bello y buen convivir, por la vida comunitaria sin exclusiones, por el arte en todas sus manifestaciones, por el trabajo digno, por la participación informada de los pueblos, por la preservación de la naturaleza y allí el humano austero y libre, sin mandones.

Junta Abya yala por los Pueblos Libres –JAPL-
23 de Mayo de 2017.

A 10 años de la fundación de nuestro centro de estudios el 23 de mayo de 2007, bajo la luz de José Artigas, Atahualpa Yupanqui, Aníbal Sampayo y nuestros pueblos milenarios. Y a 20 años de las sabias luchas civiles del litoral contra el represamiento del Paraná Medio y por la libertad de los ríos.


Juan Antonio Vilar                            Alberto Dorati
Profesor                                              Periodista
Presidente JAPL                                Vicepresidente JAPL

miércoles, 22 de marzo de 2017

Una reflexión sobre comentarios e intenciones

TODOS CON BUENA INTENCIÓN.
Uno tiene cada vez más la sensación de que desde hace algún tiempo (que no puedo precisar) dejamos de debatir alternativas sobre los fundamentos profundos, sobre el ser de las cosas para quedarnos con una triste discusión sobre las diferentes formas de hacer lo mismo.
Recuerdo hace unos tres años, en medio de una campaña a favor del arbolado público que estaba siendo podado con saña por el estado municipal, me abordó al pasar una vecina compungida por lo que habían hecho con los árboles del frente de su casa, que a su parecer quedaban “como un plumero con unas pocas ramas y hojas en la altura”. Entusiasmado porque entendí que se sumaba a nuestra campaña, que era alguien que comprendía nuestro mensaje, entré en diálogo con ella, en parte compadeciéndome con ella y en parte tratando de ampliar su visión hacia todo el arbolado y fundamentando la necesidad de tenerlo sano, abundante,  variado y adecuado. Fue entonces cuando ella me ‘explicó’: “no se pueden podar de esta manera hay que cortarlos así” y realizó con sus brazos un gesto de horizontalidad que indicaba una poda a la vieja usanza, aún peor que la nueva, que dejaba todas las ramas truncas como muñones un poco más arriba del tronco. Es decir no se cuestionaba la improcedencia de la poda dañina, innecesaria, fuera de época, sino su forma. Fue casi como comprender que nuestra campaña estaba fracasando.
Hoy leo un interesante artículo en diario La Capital (http://www.lacapital.com.ar/lapidario-informe-la-onu-los-danos-que-provocan-los-pesticidas-n1353224.html), que se refiere a un “Lapidario informe de la ONU sobre los daños que provocan los pesticidas”, y me encuentro con los comentarios de lectores; muchos y variados. Pero estos cuatro (que quiero comentar) estaban consecutivos y me llamaron la atención porque tienen toda la apariencia de estar bien intencionados y buscar un aporte al tema desde algún conocimiento válido aunque parcializado. Y como dice el proverbio: “una verdad a medias es una mentira completa”, aun cuando no haya intención de engañar, aun cuando sea sólo desgano por hacer el esfuerzo de comprender el todo. Para evitar la costumbre moderna de criticar a la persona y centrarme sólo en las ideas, reproduciré los comentarios ocultando los nombres.

Es cierto que existe en la sociedad moderna la lamentable tendencia a realizar sólo aquellas actividades que son negocio… Es cierto que podemos producir ecológicamente, hay mucha gente que lo está demostrando cada día… Es cierto que existen pesticidas naturales cuyo uso tiene la ventaja de no incorporar al ambiente productos extraños a él… Pero el concepto de “pesticida ecológico” es en sí mismo una contradicción, aunque evidentemente no hay mala intención, pero no se puede matar en nombre de la ecología, la ecología es fundamentalmente respeto por la vida en todas sus formas, en el ecosistema no hay pestes, no hay plagas, no hay malezas, hay simbiosis, hay competencia, hay cooperación y hay muerte sí, pero nunca la matanza indiscriminada de toda una especie o varias.
Entonces el comentarista siguiente parece apoyar al comentario anterior, y con buena intención dice:

Pero su error da pie al siguiente comentario que le responde directamente:


Una verdad bien intencionada pero que logra sólo desviar el tema de conversación olvidando que esa verdad no hace menos cierto que nos están inundando los campos, las ciudades, los arroyos y las napas con venenos de todas clases.
Entonces aparece la opinión quizás más peligrosa, porque con sus citas y comparaciones tiene visas de erudición pero es la menos bienintencionada. 
Comienza como acordando con el artículo del diario, pero de entrada, donde el informe de la ONU dice: “200 mil casos de envenenamiento por año”, el comentarista dice “no son inocuos” y además cita a Paracelso para decir “ninguna sustancia lo es”, con lo cual altera absolutamente su inicial frase “totalmente de acuerdo”.

Después olvida (y ahora no sé si descuidada o intencionalmente) que los productos usados en la época de Paracelso, venenos o remedios, eran naturales y que en “500 años” se fabricaron muchas sustancias tóxicas artificiales y se hicieron muchos otros descubrimientos, entre ellos el de los disruptores hormonales, sustancias capaces de provocar alteraciones graves en nuestro organismo aun en dosis imperceptibles y que por lo tanto ya no es cierto que “la diferencia es la dosis” aunque lo afirme Wikipedia.
Más adelante agrega: “también es cierto que entre quienes los manipulan, algunos lo hacen irresponsablemente. Por ello nació la red de Buenas Prácticas agrícolas”. Sumándose así al discurso oficial, propagandístico y mendaz del modelo agroindustrial… No son ‘algunos’ los que manipulan irresponsablemente los agrotóxicos, son ‘casi todos’, esto lo vemos a diario y en cualquier parte de nuestra región agrícola: operarios sin protección, fraccionamiento a la vista y en medio del pueblo, lavado de máquinas en cualquier lado, fumigadoras circulando en medio de la gente, escuelas rurales fumigadas y sin aviso, vecinos que creyeron en la ‘inocuidad’ y usan tóxicos en las veredas, en los terrenos, municipios que los usan en los parques, en los cementerios  en los hospitales, aviones que vuelan sobre las ciudades, etc, etc, etc. La red de B. P. A. es, al igual que el difundido discurso de Responsabilidad Empresarial sólo otro concepto vacío destinado a lavar los culos sucios de las empresas. Además, suponiendo que TODO esto se arreglara, aun así, tendríamos cientos de miles de hectáreas y miles de kilómetros de arroyos inundados de millones de litros de agrotóxicos, ¿De qué B.P.A. hablamos entonces?.
Y sigue: “charlatanes de feria que se enmascaran y se autoproclaman defensores de ambiente, pero cuando le corrés el velo ves que responden a ruines intereses políticos o inmobiliarios”… Qué decir de esta enroscada frase… que hay charlatanes de feria, seguro que los hay, algunos dicen defender el ambiente y otros no… Que hay ruines intereses políticos e inmobiliarios no cabe ninguna duda, tanto entre algunos que dicen defender el ambiente como entre otra inmensa mayoría a la que el ambiente les importa un ápice. Si es por lo que podemos ver por la región litoral - pampeana, muchos negocios inmobiliarios y muchos intereses políticos, ruines o no, son realizados por productores de soja que no se caracterizan principalmente por decir que defienden el ambiente. Entonces ¿Cuál es el sentido de esa frase si no es engañarnos como lo haría un verdadero charlatán de feria?
Luego viene la parafernalia, que podría ser cómica si no fuera casi canallezca, de acusar a la periodista de “doble moral” porque “tal vez haya recibido con agrado flores tratadas con químicos”… “tal vez en su casa coma con gusto un rico asado”… “tal vez coma frutas tratadas con insecticidas”… “tal vez contamine las napas en un barrio sin cloacas” etc… Y las afirmaciones tiradas como al descuido con pretendida veracidad: “muchos litros de agua conteniendo lejías alcalinas del jabón de su lavarropas automático”… (Porque se pueden garantizar las B.P.A. pero no las B.P. Domésticas); “sin más auditoría que sus propios controles”…(Estas empresas no practican la R.E.); “sólo nuestra torpeza o nuestra mala intención nos conduciría a dejar afuera de la discusión”; (como si alguien quisiera dejarlas afuera).
Para cerrar nuevamente con otra afirmación propia del modelo económico extractivista, que evidentemente el comentarista ha asumido en toda su terrible capacidad de manipulación: “si pudieran combatir malezas con perfume, lo harían, pero es imposible. De igual modo a la industria le resulta imposible cambiar algunos procesos, y a la población le resulta imposible prescindir de los actuales sistemas productivos que satisfacen sus necesidades.” Basta andar un poquito, escuchar otras voces, “correr el velo” manipulador para saber que hay mucha gente: pequeños campesinos, hortelanos, profesionales, empresarios, amas de casa, padres de familia, abuelos sabios y jóvenes en búsqueda, y hasta pueblos enteros, que producen sin contaminar, que buscan y encuentran alternativas al modelo imperante, que demuestran permanentemente que es posible otra forma de producción; luchando siempre contra las presiones del mercado, contra la arrogancia capitalista y hasta contra la opresión violente de los que tienen más.
“Se trata de esta economía del mercado total…” nos dice Franz Hinkelammert. “… en nombre de este mercado total se sostiene hoy que no existe ninguna alternativa…”, que el mercado total es “la única alternativa para la cual no existe ninguna otra. Pretende ser el fin de la historia≫, la solución total de la historia, la sociedad, que no conoce sino cambios cuantitativos, pero que ya no tiene historia”, agrega el autor en su interesantísimo libro “El nihilismo al desnudo”.  
Pero esto no es verdad, y debemos entenderlo, saber que el cambio es posible, es más, que ya está en marcha. No dejemos que se nos manipule de esta manera; no nos sumemos a esta locura del suicidio colectivo.

Como dijo SIMÓN RODRÍGUEZ:  “No es sueño ni delirio, sino filosofía …, ni el lugar donde esto se haga será imaginario, como el que se figuró Tomás Moro; su utopía será, en realidad, la América” … “¿Dónde iremos a buscar modelos? La América Española es original. Original han de ser sus Instituciones y su Gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro. O inventamos o erramos.”