lunes, 14 de enero de 2019

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


10-CERRITO JUEVES 28 DE JUNIO.

Centro Cultural de Cerrito.
Encuesta realizada a seis docentes de escuelas rurales.

Los docentes dan clases en Colonia Crespo, Cerrito, Colonia San Martín y cercanías de Hernandarias…

Las maestras consultadas mostraron conocimientos de actividades rurales. Algunas tienen huertas propias y promueven ese rubro en las escuelas. El trabajo asociativo, comunitario: difícil. A veces por falta de tiempo y a veces por falta de espacio, los proyectos de huertas en las escuelas quedan truncos.
A la primera pregunta sobre los conocimientos, una docente que vive en Colonia Rivadavia y trabaja en una escuela rural de Colonia Crespo se mostró en su salsa. “Siempre viví en el campo, conozco las actividades por mis padres y por mi marido, tanto ganadería como agricultura… Los alimentos de mi casa salen de la huerta propia, lo mismo huevos, leche, carne, son de nuestra casa”.
“El año pasado implementamos una huerta en la escuela. A los chicos les encanta, traen sus experiencias, y los alimentos son consumidos en la escuela”.
“También conozco algo de yuyos medicinales, lo que me han transmitido mis padres, mis suegros. Mi marido habla mucho del cuidado de la tierra y eso le transmitimos a nuestros hijos (lo dijo con emoción): el amor al campo con la ilusión de que ellos sigan, no sé si lo vamos a lograr”.
“La huerta escolar tiene un proyecto institucional pero este año no pudimos seguirla. Tuvimos colaboración para cercar el predio, es un lindo espacio, una cocinera que es mamá de alumnos aportó un tejido por ejemplo. Después se nos fue pasando el tiempo, pero pienso que en este semestre vamos a volver. Tuvimos mucho trabajo y las hormigas nos devoraron todo”.
“A los chicos les gusta mucho, cosechan zapallitos, hacen unas tartas de zapallito”.

Otra maestra agregó: “algunos chicos que venían de Paraná no sabían lo que era una huerta, de dónde salían los alimentos. ‘Seño, de abajo de unas hojas sale tal fruta… comé tranquila’, decían, y ellos comían con orgullo porque era su propia cosecha”.
Una tercera maestra comentó que da clases en un jardín de infantes en colonia San Martín, camino a Curtiembre. “La mamá de un nenito de jardín me preguntó si quería comprar calabazas y zapallos. Empecé a preguntarle, el nene de 4 me contó en su media lengua cómo plantar, cómo cuidar, me dio cátedra. En el jardín les apasiona, son investigadores natos. Buscamos insectos, conocemos, los bichitos bolita…”.
“Son chicos que viven en campos heredados, con sus padres y abuelos. Antes eran ladrilleros, ahora tienen huerta orgánica. Otro nene es hijo de peones tamberos. Él sabe de vacas, pero no toma leche”.
“Surgió un proyecto, el director lo aprobó, vamos a hacer minihuertas en cajones de manzana, todo pequeño, con nylon y vidrio para que vean el crecimiento delas plantas”.

Una cuarta maestra: “tengo mi huerta en casa. Mi hijo de 17 años se entusiasma, quiere hacer huerta, él va a la escuela con orientación en conservación del suelo. En Aldea Santa María se hace cada año la fiesta dela conservación del suelo”.

BIODIGESTORES
Una maestra resaltó el entusiasmo de los alumnos que plantaron un árbol en su escuela con motivo del Centenario de la institución. “Lo cuidan, lo riegan, el árbol es de ellos”.
Luego, todas resaltaron la gestión del biogás en Cerrito, como un aporte extraordinario al cuidado del ambiente. Cerrito es la capital provincial del biogás y cuenta con tres biodigestores.
Usan esa energía para la cocina en la escuela y la iluminación, a través de un motor que funciona con biogás.
Hay programa para hacer una piscina climatizada. Todo lo orgánico de la ciudad es recolectado por camiones y con eso se proveen los biodigestores.
En Cerrito lograron la clasificación en origen. “El basurero te abrochaba en la bolsa una notita, y te dejaba la bolsa. ‘Sr. Vecino, no clasificó bien la basura’. Y se hizo concientización en las escuelas, los chicos hablaban del tema”.

Otra docente que trabaja en Colonia Avellaneda se mostró más “urbana” que sus compañeras., “Yo compro en el súper”.
“Hicimos una experiencia en la escuela, pero con muy poco espacio. Entonces sólo plantamos acelga, pero quedaron chochos. Tenemos mucho cemento por todos lados, el espacio verde tiene 5 x 5. Pero es distinto, cuando están afuera se sienten protagonistas”.

Otra maestra aportó: “leer un cuento abajo del árbol es lo más lindo. Si el pájaro interrumpe no importa, los chicos sienten placer”. Señaló así la diferencia con la educación dentro de cuatro paredes.

Las dificultades de algunos docentes radican en la falta de un terreno apropiado, a pesar de que existen muchos espacios desocupados (especulación inmobiliaria). En un caso, una maestra contó que la directora intentó disuadirlos. “ni se te ocurra, el seguro no cubre un accidente que un alumno puede tener con la pala en la huerta”.
Señaló que pese a la buena voluntad de docentes y alumnos, no se consiguen terrenos.

Otro ejemplo: en una clase hicieron macetas y los alumnos las llevaban a casa. En principio pensaron que la idea podía caer mal a los padres, pero al contrario, “las madres se mostraron muy contentas. Y algunas decían: ‘ay, si en casa tuviéramos un lugar!’, pero no tienen”.

Algunas maestras explicaron que la forma de trabajo no deja tiempo para actividades extras.  “Vienen con propuestas pero no podés llevarlas a cabo  por falta de tiempo y presupuestos. Estuvimos seis años para arreglar un tanque de agua… Las escuelas no están bien, incluso las que fueron construidas en estos años, recién inauguradas”. Dieron varios ejemplos.
“Con los problemas de los edificios y los papeles que tenés que cumplir, hay días que no te acordás ni cómo te llamás.  Papeles, burocracia,  planillas, el docente termina el día agotado. Por eso muchos proyectos quedan en veremos”.

Una maestra subrayó los conocimientos de los chicos del campo. En un viaje, mostraban las diferencias de unos animales con los que había en su entorno, los colores, el tamaño… Comentaron de un caso de un niño de la ciudad que había preguntado con su mamá si los molinos eran ventiladores…

A la segunda pregunta de nuestro cuestionario sobre el éxodo, todas respondieron que es una constante en su zona, y que hay escuelas sin alumnos.
Apuntaron que hay lugares que antes tenían una dinámica y hoy queda un par de casas habitadas, el resto: taperas.
También señalaron que algunas familias están instaladas a los costados de las banquinas en casas precarias. En algunos casos son casas viejas recuperadas, pero sin baño interno, con agua potable que toman de la escuela, y en otros casos con agua de pozo (balde y cuerda).
“Donde yo vivía  éramos unas cuarenta familias, ahora hay tres. Tenían poco campo, se murieron los padres y vendieron o arriendan”. El éxodo es marcado.

Otro caso: en la zona de Colonia Rivadavia, éramos diez vecinos, ahora quedan dos.

En algunos lados han hecho viviendas del IAPV en terrenos pequeños. Donde las familias no pueden tener granja.
En Cerrito está prohibido tener animales domésticos, de granja. Algunos, igual, crían unas pocas gallinas.

“Cerca de Curtiembre vivíamos 12 familias. Para 2015 se vendió todo.  Queda sólo una familia pero no vive ahí, va dos veces por semana”, contó una maestra. La relación es de 12 a cero.
La zona era una buena cuenca lechera, ahora quedan solamente tambos grandes.

A la pregunta 4 sobre contaminación, una maestra respondió que en su familia defienden las buenas prácticas con las sustancias químicas del agro, y están seguros de que si se cuidan, los productos no son peligrosos. Pero admiten que los propios campesinos no tienen cuidado, y muchos no saben qué hacer con los bidones de químicos,

Otra maestra contó que salió con los chicos a buscar basura, y bajo una arboleda encontraron bidones amontonados.
En Hernandarias existe un frigorífico que quedó dentro del casco urbano y despide olores irrespirables. Los docentes también señalaron arroyos contaminados donde ya no se puede pescar.

Sobre la pregunta 5, referida al trabajo futuro de los chicos, las maestras apuntaron: para algunos, la única salida es hacer la huerta. Donde nosotras trabajamos, los chicos que van al secundario están interesados en el campo. Si hay un título, que sea sobre el campo. De todos modos, de cada diez chicos, uno puede llegar a la universidad.

Dijo otra maestra: en mi escuela hay hijos de pequeños productores que les inculcan el estudio porque piensan que en el campo no se van a poder quedar. Algunos ven la posibilidad del magisterio.  Y si siguen la universidad, será veterinaria o agronomía…
El hijo de una cocinera se cansó de trabajar en negro en un tambo y decidió entrar en la escuela de agente de policía en Villaguay.


Respecto de la pregunta 8, sobre emprendimientos comunitarios. “Cada uno en su mundo. A mí me encanta trabajar en grupo pero en muchos casos hay resistencia, prima el individualismo. Se habla de proyectos hermosos, pero si hay que dedicar tiempo, ya no”.

Otra maestra dijo en cambio que en su escuela, gracias a la buena disposición de la directora, pueden trabajar en equipo. En su casa ve comportamientos distintos, unos más dispuestos, y otros más individualistas.  Sin embargo, esos más reacios han constatado que con reuniones y encuentros lograron por ejemplo mejorar los caminos rurales, ya que de lo contrario quedan aislados.
Las maestras reconocieron que en tiempos de lluvia se cortan las clases porque los caminos son intransitables. Es que tanto docentes como alumnos tienen que hacer muchos kilómetros por caminos sin mejoras. Una docente reconoce que en algunos casos hace cinco kilómetros con botas, caminando, para asistir. Y lo puede hacer porque no hay problemas de seguridad. “Nosotros dormimos con las ventajas abiertas, con las bicicletas afuera”.

Sobre la pregunta 9, la relación entre la vida urbana y rural. “Yo soy nacida y criada acá en Cerrito, pero después de conocer cinco escuelas rurales amo el campo, si tengo que vivir en el campo me voy”.
“En la ciudad tenía una vecina que llamaba a la policía porque, para mejorar el sueldo docente, yo cosía a la noche, entonces a ella le molestaba el ruido de la máquina de coser”, se quejó con una sonrisa otra maestra.
Otra: “tengo casa en el barrio pero no me gusta, me vengo al campo. Ahí tengo pollitos bebé, huerta, jardín… Lo hago como parte de mi vida, el sueldo docente no alcanza”.

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


9-LARROQUE 27 DE JUNIO.
Mingaché Escucha

Un grupo de mujeres mayores integrantes de la comisión de la Liga de Madres de Familia en Larroque, con muchas ganas de contarnos cosas, de recordar historias y anécdotas, lo que generó que el encuentro fuera distendido y ameno pero a la vez de difícil registro de lo conversado.

1-¿Qué conocimientos tienen en torno de la chacra, el cultivo de vegetales, la crianza de animales, la labranza del suelo, los usos medicinales de las plantas? ¿Dónde los aprendieron?
“Antes vivíamos en el campo, uno iba a trabajar la tierra y los hijos iban detrás” se dice como algo lógico o natural, sin conflicto; se cocinaba siempre, se compraba poco, se producía la leche, la miel, los huevos, la carne: aves, ovejas, vacas y animales de caza, muchas frutas, verduras y hortalizas, se faenaba en casa, con ayuda de los vecinos, se fabricaban salames, chorizos y otros tipos de embutidos, se preparaban para conservarlos todo el año, se hacían dulces y conservas, quesos, con recetas heredadas o intercambiadas, (aquí se extiende el diálogo en varias recetas antiguas sobre pucheros, dulces, conservas, gallinas rellenas, etc.) se vendía el excedente,  “Ahora vos vas a la verdulería y tenés de todo” es la lacónica frase que cierra estos comentarios, pero alguien agrega “y en las huertas y viveros trabajan bolivianos”, confirmando para sí misma y para la aprobación tácita de las demás asistentes de que “hemos perdido la cultura del trabajo”. Queda flotando la pregunta ¿Cómo la recuperamos?

2-¿Cómo se ha manifestado el éxodo rural en la zona que conocen?
El “modernismo”, el ritmo de vida, el estudio de los chicos, hace que los chicos no vayan a la huerta. Lo que se ganaba en el campo no alcanzaba para todos los que vivían allí, al agrandarse la familia se hacía necesario conseguir más campo, lo que se fue haciendo imposible, entonces  “tuvimos que salir a buscar otros rumbos” otras fuentes de ingreso familiar. Además se menciona el estado de los caminos, lo lejano o difícil que era ir al médico, la falta de servicios que en el pueblo eran básicos como electricidad y teléfono. La concurrencia a las escuelas: recuerdan que antes muchas tenían chicos internados para evitar los largos viajes diarios y esos internados desaparecieron o se hicieron muy caros. Consideran que, en comparación con la vida actual, el trabajo del campo era un sacrificio, una esclavitud, que los chicos de hoy no la quieren tener. “A mí y mis hermanas (3 mujeres) nos tocaba de chicas ir al almacén o a la escuela en sulky[1], 5 km, abrir 8 tranqueras para salir delos campos, de pollera porque ‘las mujeres no usaban pantalones’, ¿quién va a querer hacer eso de nuevo?”.

3-¿Cómo participan las comunidades de esa zona en la producción? ¿Cuál es el origen de los alimentos que consumen?.
Aquí ven también muchos cambios “antes se hacía casi todo en la casa” ahora “conseguimos todo hecho”, Creen que de algún modo se ha perdido o transformado la “cultura del trabajo”. Cuando en el devenir del diálogo se advierte que la gente ahora trabaja y mucho, más de 8 hs. diarias para poder vivir, entonces todas acuerdan en que se refieren al trabajo sacrificado en el que todo “dependía de vos”… “¿Quién sale en carro del campo?” se preguntan… “Ahora todos queremos la camioneta”. Dan a entender  que en un empleo, al terminar el horario de trabajo, el trabajador, generalmente,  de desentiende de su trabajo, en el campo en cambio, había épocas del año en que se trabajaba poco, pero nunca dejabas de estar atento a todo, “si a las tres de la mañana escuchabas que ladraban los perros salías a ver qué pasaba”

4-¿Qué han visto y qué les preocupa en torno de la protección o la contaminación del ambiente?
Acuerdan en que parece haberse hecho más difícil la producción natural: las semillas no sirven, el agua es mala, las plagas atacan con facilidad, se usa todo tipo de venenos. “De nosotros a nuestros nietos hay un abismo” es la frase que parece resumir las diferencias que  ven entre las formas de producción actuales y las de hace unos 50 o  60 años. Si no vivís en el lugar, comentan, con ejemplos de anécdotas concretas, “los perros vagabundos te comen las ovejas”, “los loros te comen las frutas”, “los zorros te comen las gallinas”, y siguen…

5-¿Imaginan a los chicos y los jóvenes trabajando en relación con el suelo, en algún rubro, o descartan esa posibilidad para el futuro? En caso que les interese ese camino, ¿qué se los impide?
6-En el supuesto de que decidieran hacer huertas en la familia, ¿cuántas hectáreas creen que necesitarían? ¿Y qué otros servicios y herramienta? ¿Y para el  intercambio o el comercio de los productos?
No todas pero varias de las mujeres  presentes piensan que sí es posible;  lo ven como necesario y como un desafío que “habría que intentar”. La mayoría acuerda en que no se vive de una huerta, pero se podría integrar con otras actividades

7-¿Qué servicios consideran fundamentales para arraigar en zonas menos pobladas? ¿Tienen vivienda propia? ¿Les gustaría tener vivienda por auto construcción? ¿Dónde les gustaría vivir?
Ya está tratada antes

8-Ven disposición entre ustedes y sus vecinos para emprendimientos comunitarios, asociativos? ¿O prefieren actividades individuales?
Aquí más que nada recuerdan que hace muchos años (se estiman en casi 60 años atrás) ya hubo en Larroque mercado de frutos tipo ferias semanales “en calle Urquiza” “bajo unos techitos construidos por el municipio”. Hace unos años se volvió a intentar, incluso con elaboraciones de dulces y conservas y manualidades, pero no duró mucho. Lo ven como positivo pero piensan que la mayoría de la gente prefiere ir a la verdulería o frutería donde consigue variedad durante todo el año.

9-¿Cuáles son los aspectos positivos de la vida en los barrios, y cuáles los negativos? Entre la vida urbana y la vida rural, ¿prefieren una de las dos? ¿O les da lo mismo?

10-¿En qué rubro trabajan actualmente (ustedes o sus padres) y en qué les gustaría trabajar en el futuro? Si por algún motivo recibieran la posibilidad de realizar tareas en relación con el suelo en forma cooperativa, ¿qué es lo primero que se les ocurre? ¿Qué herramientas aportarían, qué necesitarían? ¿Aceptarían capacitación? (Abejas, tambo, gallinas, polos, huertas, agricultura, frutales, ganadería, maderas, textiles, trabajos artesanales e industriales vinculados, alimentos, herramientas, comercialización, viviendas, otras posibilidades, etc.)

Estas preguntas están tratadas a medias en las anteriores y lo que falta no apareció en el diálogo

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


8-LARROQUE 27 DE JUNIO.
Mingaché Escucha

Alumnos de 6to año (último del secundario) de Colegio público de administración privada con orientación en Economía y Administración en Larroque.

Nos encontramos con un grupo de casi 20 jóvenes de entre 16 y 18 años y su profesora en un ambiente bastante participativo. Un porcentaje no precisado pero que estimamos en algo menos del 50% proveniente de familias campesinas.

1-¿Qué conocimientos tienen en torno de la chacra, el cultivo de vegetales, la crianza de animales, la labranza del suelo, los usos medicinales de las plantas? ¿Dónde los aprendieron?
Manifiestan conocer bastante, por sus padres o abuelos, o por haberlo hecho, algunos más inclinados a la producción ganadera, manejan cifras sobre hacienda, pasturas, hectáreas etc., otros más hacia lo agrícola, saben sobre la soja, el trigo y el maíz; uno participa con su familia de la producción de miel, otra ha tenido oportunidad de elaborar quesos.
Muchos hablan de la conservación de carnes en el freezer, pero hay quienes saben cómo conservar limones entre papeles, o papas en un pozo, o frutas en dulces, pasas o mermeladas, tomates en conservas o salsas

2-¿Cómo se ha manifestado el éxodo rural en la zona que conocen?
Aunque más escuetos en este punto, la mayoría parece coincidir en que el pueblo ofrece mejores posibilidades en cuanto a escuelas, médicos, caminos, servicios y por lo tanto resulta muchos más atractivo para vivir.

3-¿Cómo participan las comunidades de esa zona en la producción? ¿Cuál es el origen de los alimentos que consumen?.
“Comemos todo de afuera, todo modificado”, “Comés tomate y no es tomate”, “Aun teniendo el árbol de mandarinas vas a la frutería y las comprás”. Estas son algunas frases textuales con las que la mayoría coincide en ver a la sociedad como muy cómoda, mercantilizada y desinteresada de los sistemas de producción así como de la calidad de los alimentos que consume. Algunos opinan que la gente ve con mejores ojos, como si fueran mejores los productos que vienen de afuera, ya sea de otra provincia o importados. “Se produce en el ‘interior’, se lleva a Bs.As., se modifica, se sube el precio y después vuelve a las provincias” expresa uno de los participantes y los demás acuerdan.
Repreguntados si saben de algún producto que sea más local, reconocen que sí, que consumen leche de la zona, queso “de campo”, miel “de acá”, nueces, estevia y otros d la propia casa, como poleo, burrito, cedrón, laurel, menta, perejil, orégano, carqueja, palta, limones, etc.

4-¿Qué han visto y qué les preocupa en torno de la protección o la contaminación del ambiente?
Aquí se exponen como muy relacionadas varias cuestiones ambientales y sociales: la basura, las papeleras uruguayas, las fumigaciones en el campo y en el pueblo, el olor “insoportable” del frigorífico de aves y de las chancherías cercanas, la contaminación (SIC), la falta de organización territorial con la consiguiente pérdida de las zonas de chacras; el uso excesivo del automóvil particular, la ruptura social, la intolerancia, la agresividad, las posturas irreductibles… “la sociedad no acepta que estés en el ‘medio’”, el afán por imponerse al otro, el menosprecio de las minorías, las ideologías de moda.

5-¿Imaginan a los chicos y los jóvenes trabajando en relación con el suelo, en algún rubro, o descartan esa posibilidad para el futuro? En caso que les interese ese camino, ¿qué se los impide?
6-En el supuesto de que decidieran hacer huertas en la familia, ¿cuántas hectáreas creen que necesitarían? ¿Y qué otros servicios y herramienta? ¿Y para el  intercambio o el comercio de los productos?
“Yo voy, de cabeza” expresa uno de los participantes, los demás tienen más dudas, algunos piensan que podría ser si se empezara de a poco “hasta darnos cuenta de que esto anda”; si se armaran grupos de trabajo o de intercambio. Algunos hablan de estudios de mercado, análisis de demanda, prever si la gente iría a comprar lo que uno produce.
Piensan en terrenos de una hectárea, otros un poco más para tener algunos animales, un pozo de agua, herramientas acordes al amaño de la producción pero que “revolviendo en los campos encontrás herramientas viejas para adaptar” o “podés modificar un cuatriciclo”; abono, o ponerse a hacer compostaje, conseguir la materia orgánica, recolectar ‘bosta’, o hacer convenios con la Planta de Reciclado, por ejemplo, para que la provean, o con los productores avícolas para la cama de pollo; planificar los ciclos; intercambiar los cultivos; asesoramiento familiar.

7-¿Qué servicios consideran fundamentales para arraigar en zonas menos pobladas? ¿Tienen vivienda propia? ¿Les gustaría tener vivienda por auto construcción? ¿Dónde les gustaría vivir?
8-Ven disposición entre ustedes y sus vecinos para emprendimientos comunitarios, asociativos? ¿O prefieren actividades individuales?
Están tratadas en las anteriores.

Las últimas preguntas no llegaron a abordarse.

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


7-LARROQUE 21 DE JUNIO.
Mingaché Escucha

Alumnos del último curso de la Escuela Secundaria de Adultos (ESA), con orientación en Ciencias Naturales en Larroque.

Nos encontramos con un grupo de unas 20 personas entre jóvenes (18 años) hasta adultos jefes de familia con hijos en la escuela secundaria, algunos de ellos originarios de otras regiones entrerrianas e incluso de la Patagonia Argentina. Obreros muchos de ellos, otros hijos de obreros. Un tercio de ellos relacionados directamente con el campo. Algunos vivían y trabajaban en el campo hasta hace muy poco tiempo y unos pocos aún siguen trabajando allí aunque vivan en el pueblo. Unos pocos asistentes no participan activamente del diálogo que se hace fluido, animado y por momentos caótico aunque con mucho humor.
1-¿Qué conocimientos tienen en torno de la chacra, el cultivo de vegetales, la crianza de animales, la labranza del suelo, los usos medicinales de las plantas? ¿Dónde los aprendieron?
En general manifiestan mucho conocimiento sobre el trabajo del campo, sobre la producción de alimentos y sus procesos de almacenamiento, conservación y transformación, así como también el uso medicinal e incluso sobre las relaciones comunitarias, vecinales o asociaciones económicas tradicionales.

2-¿Cómo se ha manifestado el éxodo rural en la zona que conocen?
“Nadie quiere vivir en el campo”; “queremos lo más fácil y cómodo”; “Vivimos un mundo materialista, cómodo y consumista”; “teníamos animales, ovejas, caballos, pollos, ahora se arrendó para soja”… son algunas de las expresiones textuales que logramos anotar. “En el campo donde yo ando se patean los tarros de glifosato (SIC) por donde camines”; “Sembramos en campos pelados”. Dicen que el trabajo de campo es esclavo en referencia a los horarios extendidos, la falta de feriados, las responsabilidades no terminan nunca. Trabaja toda la familia para un mismo ingreso económico; el pueblo permite que el hombre y la mujer y aún los hijos mayores tengan su empleo, cada uno con su salario. (Al comentario de un compañero sobre que él podría trabajar en el campo, otro, que ya lo ha hecho, le responde con humor: “yo tengo una pala, te la presto, no me la devuelvas”)

3-¿Cómo participan las comunidades de esa zona en la producción? ¿Cuál es el origen de los alimentos que consumen?.
Son numerosos los que comentan haber trabajado alguna huerta, un almácigo o al menos algunas macetas con plantas aromáticas. Recuerdan que en el campo trabajaba la familia, se ayudaban los vecinos, se hacían dulces y conservas para aprovechar la producción sobrante; alguno menciona el entrojado de papas o batatas o limones, con paja o con papeles; las carneadas en grupos de familias o vecinos para elaboración de chacinados y su preparación para que duraran en buen estado casi todo el año, etc. En Río Negro (comenta una señora) nos juntábamos varias familias para comprar al por mayor frutas de descartes y nos reuníamos para fabricar dulces y conservas para todos.
Son conscientes de que ese trabajo ya prácticamente no se hace, que compramos productos que recorren miles de kilómetros que se seleccionan y preparan especialmente para la vista, que se maduran a la fuerza y han perdido hasta el sabor, que se traen desde el Mercado Central de Buenos Aires o de Rosario ya que Entre Ríos no lo tiene.

4-¿Qué han visto y qué les preocupa en torno de la protección o la contaminación del ambiente?
Aquí se concentraron exclusivamente en el uso de químicos, con un vivo debate entre algunos que los usan y defienden su uso y otros que los consideran entre las peores cosas que le ha pasado al campo en los últimos años y algunos que incluso manifiestan haber sufrido los efectos con deterioro para su salud. “antes salían del pueblo al campo a buscar aire puro, ahora nos venimos del campo al pueblo para que no nos envenenen”.
También se hace referencia a cierta falta de controles que permite la comercialización de productos con tóxicos, carnes de animales enfermos o recientemente vacunados o llenos de antibióticos u hormonas.
5-¿Imaginan a los chicos y los jóvenes trabajando en relación con el suelo, en algún rubro, o descartan esa posibilidad para el futuro? En caso que les interese ese camino, ¿qué se los impide?
En parte este tema ya fue comentado más arriba, sin embargo ante una pregunta directa al respecto, muchos opinan que sí, que habría gente dispuesta a trabajar la tierra aunque nos llama la atención que casi todos esperan alguna especia de ayuda gubernamental para hacerlo.

6-En el supuesto de que decidieran hacer huertas en la familia, ¿cuántas hectáreas creen que necesitarían? ¿Y qué otros servicios y herramienta? ¿Y para el  intercambio o el comercio de los productos?
8-Ven disposición entre ustedes y sus vecinos para emprendimientos comunitarios, asociativos? ¿O prefieren actividades individuales?
Aquí hay opiniones dispares: desde quienes dicen que se puede tener perejil en una maceta, que no se  necesita nada, otros que en cualquier pedacito de 2m por 2m se puede plantar lechuga, hasta quienes entienden que para vivir de ese “laburo” habría que tener más de 1 ha. Algunos incluso se muestran dispuestos a dedicarse a ello siempre que se reúnan algunas condiciones que van desde contratos de compra del Estado, provisión de semillas y herramientas, hasta garantías de ganancias económicas.
La mayoría coincide en que sería necesaria la formación de grupos de intercambio, de trabajo o cooperativas de comercialización de los productos. “Uno solo sería imposible” y aun así muchos opinan que es imposible competir con las grandes empresas o cadenas comerciales.

9-¿Cuáles son los aspectos positivos de la vida en los barrios, y cuáles los negativos? Entre la vida urbana y la vida rural, ¿prefieren una de las dos? ¿O les da lo mismo?

10-¿En qué rubro trabajan actualmente (ustedes o sus padres) y en qué les gustaría trabajar en el futuro? Si por algún motivo recibieran la posibilidad de realizar tareas en relación con el suelo en forma cooperativa, ¿qué es lo primero que se les ocurre? ¿Qué herramientas aportarían, qué necesitarían? ¿Aceptarían capacitación? (Abejas, tambo, gallinas, polos, huertas, agricultura, frutales, ganadería, maderas, textiles, trabajos artesanales e industriales vinculados, alimentos, herramientas, comercialización, viviendas, otras posibilidades, etc.)
(Están contestadas entre las anteriores)

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


6-MARÍA GRANDE JUEVES 14 DE JUNIO.

Escuela Héroes de Malvinas, en la localidad de María Grande.
Encuesta realizada a seis docentes de colegios secundarios del departamento Paraná.

Los docentes dan clases en Hasenkamp, El Pingo, María Grande, María Grande Segundo, Antonio Tomás y Alcaraz.
Admitieron que tienen conocimientos que les vienen de la casa, sobre la producción de alimentos, y ofrecieron algunos ejemplos.
Mi papá siempre hizo huerta, criaba pollos. La familia lo hacía. Yo misma tengo huerta en casa, frutales, ahora limones, naranjas, mandarinas, un ciruelo que nació guacho. Ahora no tengo gallinas porque se las comen los perros, dijo una entrevistada.
Tengo conocimientos, me crié en una zona rural. Ganadería, agricultura, todo para el consumo de la casa.  Yo soy docente, y hoy sigue la producción en ese campo, pero ninguno de mis hermanos trabaja en el campo, delegan.
Otro caso: entre mis alumnos hay dos que saben, vienen del campo, y sólo uno de ellos con familia propietaria.
Una tercera docente: mis padres tenían huertas, gallinas. Yo soy profesora de economía y presenté un proyecto de huerta en la escuela, luego de hacer una capacitación en el INTA. Allí hacemos tomates, lechugas, acelga, rabanito, zapallo, y llevé incluso unas frutillas. Son estudiantes mujeres y varones, todos muy entusiasmados, incluso nos quedábamos más tarde, fuera de hora.  Iban con mate, galletitas, compartíamos. Hay una gran diferencia con las actividades en el aula, se muestran más animados en la huerta. Después me mandaban fotos, hacían canelones y los vendían para juntar fondos.
Apuntó que los alumnos comparaban la frescura y la calidad de las verduras de su huerta con las compradas.
En mi escuela acostumbran plantar un árbol en el sexto año, y se identifican con él. Mis alumnos eligieron una granada por ejemplo.
Una cuarta docente trabaja en una escuela de jornada completa con técnicas agropecuarias. Su casa paterna abarcaba media manzana, allí tenían gallinas ponedoras, gansos, huerta, higuera, quinotos, durazneros. Pero todo eso es pasado. Hoy no tiene patio, sólo algunas aromáticas.
Preguntamos: ¿dónde quedaron esos conocimientos de tus padres y tuyos? La respuesta: quedaron en mí.
En ese punto los docentes se explayaron sobre el éxodo rural. Se reconocieron como la última generación en relación con la producción propia de alimentos.
Mis papás venían de Sauce Pinto, vivían en el campo, mis abuelos también.  Esos conocimientos no llegan a mis hijos y a mis nietos. ¡No conocían una gallina!, se asombró.

Coincidieron en que, con diferencias, están en un punto de desapego casi total en relación con las actividades campesinas.
Una docente aclaró que tiene alumnos que conocen bien la actividad agropecuaria. Por ejemplo, una familia con cinco hermanos que saben de gallineros y trabajan en el tambo. Otro caso, una familia con cinco hijas mujeres y dos varones más chicos. Cuando terminan el secundario, el papá las hace trabajar un año en el campo y después pueden estudiar en la universidad o el terciario. Hacen tambo. Es un año de trabajo, tienen esa disciplina y la aceptan.
Otro caso: nunca di clases en escuelas de campo, sí en escuelas urbanas, incluso en Paraná. Soy de Hasenkamp. Me crié en casa de mis abuelos, en el campo, con un monte enfrente. Ahora ese predio quedó adentro del pueblo. Ese montecito desapareció por completo. Había un tajamar, y también desapareció, fue rellenado.  Ahí ya no hay vínculos con el monte, con el tajamar, se perdió. Mis abuelos tenían una manzana. Había cerdos incluso, huerta, todo lo que comían salía de ahí.
Cuando tenía seis años vivíamos con lámparas, sin electricidad ni agua corriente.  Luego nos cambiamos y seguimos con la huerta. Hoy ya no, no tenemos animales y no nos hacemos tiempo para cultivar algo en el terreno. Mis hijos conocen muy poco de eso, pero aunque no trabajemos nosotros en eso, tienen contacto a través de sus amiguitos.

Hasenkamp cambió mucho. Se urbanizó, se trazaron calles, mi abuelo tenía una manzana, hoy los terrenos son de 10 por 30, no se puede tener gallinas, ni hablar de los cerdos. Molesta el olor, el ruido. Incluso hay restricciones municipales y se han hecho multas por las gallinas. Los terrenos son chicos para la producción, aún en familias que conocen esas prácticas y por razones de espacio no pueden desarrollarlas.

Sobre la pregunta 2, el éxodo: mi suegro es molinero y siempre dice que no queda nadie en el campo. Que antes había boliches, bares, y hoy nada.
En el primer año, las autoridades de las escuelas tienen que ver si habrá alumnos. Este año tuvimos ocho porque llegaron mellizos. La matrícula es una preocupación.
Una profesora dijo que en un tercer año tienen dos alumnos. Otra dijo que en sexto tienen dos. Ocurre en distintas escuelas de la zona.

Una docente apuntó que en El Pingo sorprende la cantidad de taperas, incluso algunas casas hermosas abandonadas. ¡Dios mío, cada vez más gente se va!, fue el comentario con unas amigas, de visita en casa de descanso.
La gente busca oportunidades. La gente grande que queda tiene celular, y dos por tres llaman a la policía porque se ha sumado un problema: la seguridad. Viene gente de otro lado.

Una profesora dice que donde está en su mayoría son obreros, peones, no dueños de campos. La estancia contrata al papá y trabajan todos.
Si no son dueños, el propietario no los deja hacer quintas porque descuidan lo demás… esa es la excusa.  Incluso viven en casa prestada. Eso no arraiga.
Algunos no tienen luz eléctrica y en la zona el agua es salada.  No es como en otras escuelas, donde los chicos llegan en camioneta.  Acá es a caballo, en bicicleta, y si no los busca la traffic del Estado, no van a la escuela.

Interviene un profesor. Dice que buena parte del folclore de proyección en la región está formada por canciones con añoranzas sobre el exilio, recuerdos del paisaje, la tierra, la comunidad. Nombra al acordeonista Alcides Muller que siente, dice, una deuda moral con María Grande. Recuerda obras de Federico Gutiérrez que nombrar a las familias del éxodo.
Todos apuntas anécdotas sobre bailes y encuentros culturales de mediados del siglo 20, incluso con visitas periódicas de Tarragó Ros. Dicen que María Grande Segundo es “un país”, pero con muchos desterrados.
Hay bromas sobre la comunicación, sin tecnologías, y se preguntan cómo se enteraban las familias de los bailes y recitales.
Una profesora acota: pero volver al campo es difícil.

Para los chicos del campo, hoy la escuela es el lugar de encuentro con otros chicos. No hay clubes cercanos, las distancias son largas. Las familias  se llaman “vecinos” aunque estés a mil metros del otro, tan distinto a la ciudad donde a veces uno no conoce al de al lado.
Unos chicos les preguntaban hace unos días: ¿otra vez van a hace paro? En la ciudad, un  paro suele ser festejado por los alumnos.

Destacaron el esfuerzo de peones rurales para acercar a sus hijos a la escuela. El papá que llevaba a sus hijos a caballo y así cruzaba el arroyo Burgos crecido, y del otro lado los esperaba la traffic.
A veces los deja la traffic y caminan luego una hora para llegar a sus casas.
Dijo una profesora: donde yo vivía con mis padres había unas 15 casas, y hoy quedan tres.

Comentaron que un grupo de hacheros que vivía en una estancia fue desalojado cuando esa estancia se vendió. Hoy esas familias viven de la asistencia en un terreno fiscal.
Hicieron casitas tipo monoambiente. Allí se encuentran incluso familias de pueblos originarios y están “muy mal” en la zona de Alcaraz. Las casas no tienen aberturas, y les añaden extensiones de silo bolsa. Todo muy precario, con letrinas.
Dijo una profesora: “cuando los visitamos en una misión, a los chicos los vimos felices. Corrían, se reían, jugaban con las cabras. Descalzos y sucios pero felices. Nos decían que si te internás más en el monte hay otras casas así. Van a la escuela que está cerca, allí tienen un comedor”.
Una profesora reconoció que algunos de esos chicos recibieron maltrato en la escuela primaria. Discriminación y maltrato, incluso físico.
Comentaron que esas familias podrían hacer huertas, tener gallinas, cerdos, pero carecen de recursos y espacio. Incluso en la estancia no eran dueños de nada.
Una profesora contó que un  día fue a buscar a un alumno a la casa porque no asistía: cuando vi dónde vivía, casi lloro. Silo bolsa, sin cama, nada. Sin luz, sin heladera, sin agua corriente, con el padre alcohólico… y el chico llegó a sexto año del secundario con promedio 9, fue abanderado.
Los chicos cuentan que cazan jabalí para comer. En la casa, varios perros con ese fin.

Sobre el origen de los alimentos que los mismos profesores consumen: casi todo de afuera, incluso las papas, el tomate, las frutas. Algunos chicos tienen producción para el auto consumo. A veces los docentes les compran huevos.
Las familias son solidarias. Cuando se realizan reuniones para juntar fondos, el que tiene animales dona.
Una docente puso de relieve la diferencia (que entendimos, de oportunidades) entre el que es miembro de una familia de propietarios y el indigente.

Respecto de la contaminación: lo que más se nota es la fumigación. Hemos visto que limpian los mosquitos en el arroyo. De tanto en tanto se ven peces muertos.
Mis hijos iban a pescar, pero hoy no quedan peces, y no es seguro tampoco.

En Hasenkamp hay quejas contra las cerealeras que largan un polvillo. Sería la causa de muchas alergias.
Los docentes también hablaron de cáncer, pero no abundaron en ello.
También apuntaron contra los minibasurales en arroyos y caminos, con plásticos, bidones, e hicieron hincapié en el desmonte.
Esos chañares de antes ya no se ven, dijo una profesora.
Lo que era monte tupido, hoy es soja.
Reconocieron que algunos papás no están dispuestos a discutir el problema de los agrotóxicos o las cerealeras, a veces porque  son empleados.

A la pregunta 5 sobre el trabajo rural.: a mis hijos los veo muy urbanos. Desde que falleció mi papá dicen que vendamos (el predio que recibieron por herencia).

Los docentes vuelven sobre el tema de las taperas. Hablan de un lugar cerca de El Pingo donde había tres taperas, dos de ellas ya destruidas. La que quedó tiene un molino que sigue sacando agua pero el señor que lo compró no tiene animales, usa la superficie para cultivar soja, y tiró abajo una casa hermosa.
Una profesora recuerda palabras de un abuelo: mientras yo viva nadie toca ese monte, dijo.

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


5-TABOSSI MARTES 12 DE JUNIO.

Polideportivo en localidad de Tabossi.
Encuesta realizada a tres docentes (dos profesoras y una maestra) del departamento Paraná.

En torno de los conocimientos: lo básico nomás, dijo una profesora, y lo que sé viene de mi casa.
Doy clases en Viale, de ciencias naturales en quinto grado. Allí los chicos no tienen relación con la huerta o las aves. No hay cultura campesina. No saben. Ni huerta ni vacas. No tienen vínculos con la naturaleza, sólo por el germinador.
Otra: antes mi abuelo tenía eso pero ahora no, se han perdido las costumbres. Ver una huerta en Viale es una excepción. Mi sobrina suele ir con mi mamá a los frutales. Como nosotros nos criamos en el campo, mi mamá conserva algunas plantas de frutas. Mi sobrina lo vive por su abuela, pero no lo haría con mi hermana. Yo tampoco tengo, sólo algo en una maceta.

Otra profesora: a mí me gusta enseñar, a mi  hija de 10 años le gusta y sembramos morrones en macetas.
En nuestra generación (entre 30 y 40 años) todavía tenemos experiencias de huertas, frutales, hoy en día eso es muy raro.

Una tercera docente: yo sé algo de la naturaleza, distinguir los pájaros, pero mis alumnos no. Salvo uno o dos que vienen del campo, los demás no, no saben.
En mi escuela hay un quiosco con papas fritas, esas cosas. El chico que lleva algo de la casa recibe las burlas de sus compañeros. Uno lleva queso y dulce y come adentro del aula para que no se le rían. Del quiosco sí, de la casa no.

Los alumnos de mi escuela al principio tomaban té, y les daba vergüenza pedir té con leche. Entonces un día empezamos a darles chocolate con leche, mate cocido con leche o te con leche, sin más opciones, y tomaron eso. Ahora no hay problemas.

Una docente: ahora veo más eso de cuidarse, hay chicas vegetarianas, veganas, está un poco de moda.

Sobre el éxodo.
Mis padres vivían en Las Tunas. Se fueron ellos y sus vecinos, porque no había trabajo. Se marcharon a Córdoba en los años 80. Cuando volvimos, mi padre hacía changas, era alambrador, y recuerdo que no podía conseguir empleado.

Hoy los hijos somos urbanos. Dos docentes, el ex marido de mi hermana también es docente, y mi ex, policía.

Dijo una profesora: mis abuelos eran gente de campo, y mi mamá también. Hoy vive en la ciudad.

Otra: mis abuelos eran campesinos, mis papás también, y mis tíos. Pero la zona, en la colonia Centenario, se ha despoblado. Se han marchado.
En el barrio de mi mamá han comprado terrenos familias del campo, gente grande que se viene.
Mi tío tiene problemas en las rodillas, le cuesta caminar, pero nadie lo saca del campo. Sus hijos están todos en la ciudad. Él no encuentra quién le ayude.
¿Qué hacen los hijos? Son empleados, uno en una tienda, el otro despachante en YPF.

Una: fuimos la última generación con experiencia en el campo. Y no queremos volver.
Otra: a mí me gusta, pero no para ir a vivir. Somos cinco hermanos y no vamos a volver a Las Tunas.

Pregunta 3 sobre alimentos.
Las docentes admitieron que compran en las verdulerías, y poco o nada cultivado en la zona.
Una aclaró: yo sí compro leche de campo. Y comentó que por Viale andan vendedores de leche, huevos, pollos de campo, queso, por las calles.

Sobre la pregunta 8- posibles emprendimientos comunitarios, las respuestas fueron similares: hoy es cada uno por su lado. No imaginamos algo comunitario. Trabajamos  con el otro, pero hasta ahí nomás.
-Por ahí te metés en líos.
-La gente se ofende (dificultades para emprendimientos colectivos).Va a llevar mucho recuperar ese espíritu comunitario.
-Los gobiernos han ido rompiendo los grupos. A la más pequeña diferencia no se puede continuar.

Sobre la pregunta 7 – vivir en el campo
-No. Textual: “no puedo visualizar mi laburo en relación con el campo. No los veo compatibles”.
-A mí me gustaba el campo. No quería ir al secundario pero mi abuela me decía qué vas a hacer en el campo…
-A mí me gusta la paz, la tranquilidad. Querría algo (una casa) para estar y disfrutar. No para hacer tareas del campo.
-Claro, tendríamos que aprender mucho.

Encuesta del vivir bien y bello y buen convivir.


4-LARROQUE 8 DE JUNIO.
Mingaché Escucha

Alumnos de 6to año (último del secundario) de Colegio público estatal provincial con tres orientaciones diferentes: Ciencias Naturales, Ciencias Sociales y Economía, en Larroque.
Nos encontramos con un grupo de unos 15 jóvenes de entre 16 y 18 años con una docente que se prestó a acompañarlos, en un ambiente más bien reservado, algo (aparentemente) desconfiado sobre nuestra presencia en el lugar (debido quizás, a que los encargados no habían tenido la delicadeza de informarles previamente que  se realizaría esta reunión). Tal vez por lo mismo no encontramos (salvo en dos o tres chicos) una buena  disposición para el diálogo.
La mitad de los presentes o algo menos manifiesta provenir de familias campesinas, pero casi todos dan a entender que no saben nada del campo, su forma de vida o la producción de alimentos, sólo una chica expresa la experiencia personal de haber colaborado con tareas del campo y su gusto por hacerlas. No obstante ello, la mayoría (entre quienes logran expresar una opinión) cree que Larroque es un pueblo con mucho de rural.
Ante la pregunta inevitable y textual sobre si sabían de donde vienen los alimentos que consumimos, ninguno respondió.
1-¿Qué conocimientos tienen en torno de la chacra, el cultivo de vegetales, la crianza de animales, la labranza del suelo, los usos medicinales de las plantas? ¿Dónde los aprendieron?
Esta respuesta se desarrolla en la introducción, con el agregado de que, casi todos los que opinan, son conscientes de que existen diferencias de gusto y calidad que hacen preferible a un producto de huerta sobre uno de verdulería, y al mismo tiempo indican que “no elegimos bien lo que comemos”.

2-¿Cómo se ha manifestado el éxodo rural en la zona que conocen?
No hubo opiniones

3-¿Cómo participan las comunidades de esa zona en la producción? ¿Cuál es el origen de los alimentos que consumen?.
Está desarrollado antes. No participan y parece no interesarles participar.

4-¿Qué han visto y qué les preocupa en torno de la protección o la contaminación del ambiente?
La contaminación: se nombran empresas que, ellos entienden, son contaminantes y están en medio de la ciudad como “Villa” (fábrica de acumuladores de plomo) y “Globoaves” (incubadora de pollos).
Los olores desagradables del frigorífico de aves (tratamiento de plumas y deshechos). La falta de control del cumplimiento de las ordenanzas… “el vecino no puede fumigar pero lo hace igual”.
La falta de previsión en el desarrollo urbano… “no se pensó en evitar que se hicieran casas tan cerca de las fábricas”.

5-¿Imaginan a los chicos y los jóvenes trabajando en relación con el suelo, en algún rubro, o descartan esa posibilidad para el futuro? En caso que les interese ese camino, ¿qué se los impide?
La gran mayoría no se ve a sí mismo/a en el trabajo de producción primaria de alimentos, si tal vez en la elaboración (varios podrían ser ‘chef’). No irían a trabajar en el campo “salvo que no te quede otra”. “Es más fácil gastar más que trabajar más” Una sola chica ve como posibilidad para sí misma vivir del trabajo en el campo.

6-En el supuesto de que decidieran hacer huertas en la familia, ¿cuántas hectáreas creen que necesitarían? ¿Y qué otros servicios y herramienta? ¿Y para el  intercambio o el comercio de los productos?
En este punto se miran sin saber qué decir. Uno arriesga que con media hectárea pondría 2 galpones de pollos y usaría árboles frutales para la sombra. Los demás hacen como un acuerdo tácito.

7-¿Qué servicios consideran fundamentales para arraigar en zonas menos pobladas? ¿Tienen vivienda propia? ¿Les gustaría tener vivienda por auto construcción? ¿Dónde les gustaría vivir?
Sin Respuestas

8-Ven disposición entre ustedes y sus vecinos para emprendimientos comunitarios, asociativos? ¿O prefieren actividades individuales?
No ven esa disposición. “En un barrio, si tres plantan algo, los otros se lo roban”

9-¿Cuáles son los aspectos positivos de la vida en los barrios, y cuáles los negativos? Entre la vida urbana y la vida rural, ¿prefieren una de las dos? ¿O les da lo mismo?
“Queremos vivir en el pueblo por comodidad”. Hacen mención al mal estado de los caminos rurales, la cercanía de los mercados en el pueblo, uno manifiesta que su familia se vino a vivir al pueblo por la escuela. Dicen que Larroque tiene una vida tranquila, pero aceptan que antes lo era más aún, “cuando éramos chicos dormíamos con las puertas abiertas, ahora ya no”. Mencionan el ingreso de “la droga” como un problema actual serio… “roban por droga” dicen, y no ven que haya acciones de las autoridades o de la comunidad para solucionar este problema.